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Hola, soy Dependiente Emocional…

Publicado: 27 de diciembre de 2022, 08:16
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Hola, soy Dependiente Emocional…

¿Quién no ha oído hablar de la dependencia emocional? Hoy en día está de moda esté término. Llegan a nuestras consultas multitud de personas autoasignándose la denominación propia de dependiente emocional. También amigos y familiares se acercan a nosotros y nos preguntan ¿seré dependiente emocional? Esto nos resulta tan curioso como perjudicial, es esa tendencia del ser humano a la autocrítica y a asignarse rasgos negativos. Existen diferenciaciones de este concepto dentro del ámbito de la psicología que hoy nos gustaría aclarar. Fuera del ámbito clínico el abanico de versiones es todavía más grande, más cuando las personas tendemos a ver problemas psicológicos donde no los hay, por el atractivo de este hecho. Por ello, este artículo persigue conocer el verdadero significado de la dependencia emocional como constructo psicológico.

Desde el vientre somos dependientes del otro para nuestra supervivencia, cuando nacemos y nos desarrollamos a lo largo del ciclo evolutivo dependemos de nuestros cuidadores, estableciendo vínculos de apego para desarrollarnos tanto a nivel físico como emocional. Al ser animales sociales, por suerte o no, dependemos de las relaciones afectivas. Este aspecto nos ha permitido alcanzar un funcionamiento muy desarrollado pero también puede llegar a ser nuestra mayor vulnerabilidad. En muchos casos esta dependencia se va de las manos.  Las personas con una dependencia sana tienen una identidad fuerte, confían en el otro sin tener miedo a estar solos ni a que los demás les abandonen. 

“Cuando la necesidad afectiva es extrema, las relaciones pueden adquirir un carácter nocivo para el desarrollo de la pareja y para el propio bienestar y estabilidad emocional”

Jorge Castelló Blasco, especialista en dependencia emocional, la define como la necesidad extrema de carácter afectivo que una persona siente hacia su pareja a lo largo de sus diferentes relaciones. La palabra “necesidad” está por encima del valor del “deseo” o del “amor”. Anteriormente, la definía como 

“Un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas”

 

Las características que definen a los dependientes emocionales son la necesidad excesiva del otro, el deseo de acceso constante al otro, deseos de exclusividad en la relación de pareja, prioridad de la relación sobre cualquier otra consideración, idealización, relaciones basadas en la sumisión y la subordinación, historia de relaciones de pareja desequilibradas, miedo intenso a la ruptura y al abandono, vacío interior que no consiguen llenar con nadie, asunción del sistema de creencias de la pareja, necesidad de agradar, déficit de habilidades sociales, inestabilidad, baja autoestima y miedo e intolerancia a la soledad.

Existen tres características que resultan indispensables que definen la dependencia emocional, sin las cuales no se determina su presencia, siendo estas nucleares (sea de forma camuflada o directa): la baja autoestima, el miedo e intolerancia a la soledad y la tendencia a establecer a lo largo de la vida relaciones de pareja desequilibradas. 

Es importante diferenciar los tipos de Dependencia Emocional existentes. Por un lado, diferenciamos dos perfiles, dependencia emocional de corte sumiso y dependencia emocional de corte demandante:

La dependencia sumisa: existe un patrón de sometimiento hacia la pareja, pudiendo desarrollarse una relación insana e incluso abusiva. Es habitual que en la pareja existan rasgos como el narcisismo, autoritarismo, control del otro sobre uno... Suele suceder en casos de violencia o abusos. 

La dependencia demandante: se presenta en personas que paradójicamente son independientes y resolutivas en las demás áreas de su vida, siendo su foco de vulnerabilidad el afectivo. En muchas ocasiones el objeto amoroso es saludable y capaz de mantener relaciones equitativas y recíprocas. En general, los dependientes demandantes buscan personas a las que considerar valiosos y admirables. Por otra parte, buscan intencionadamente la soledad fuera de la relación, espacio en el que se encuentran más cómodos. Suelen tener éxito en otras áreas como puede ser la laboral. El núcleo de su afecto se centra únicamente en la vinculación con la pareja; suelen tener relaciones distantes y poco comunicativas con familiares y amigos. Este tipo de dependencia emocional no cursa con situaciones de abuso y violencia.

Por otro lado, existen relaciones y rasgos patológicos relacionados con la Dependencia Emocional:

Trastorno de la Personalidad Dependiente (TPD). La diferencia respecto a la dependencia emocional reside en que el trastorno de personalidad supone rasgos de comportamientos siendo una dependencia instrumental más que emocional. En el TPD, existe un severo problema de autonomía, la persona no posee recursos suficientes para desenvolverse por sí misma, con sentimientos de minusvalía buscando protección y apoyo en la pareja o en otras personas, precisando de una persona más fuerte que tome las decisiones por ella. Según el DSM-5 se trata de una necesidad dominante y excesiva de ser cuidado, lo que conlleva un patrón comportamental de sumisión, apego exagerado y miedo a la separación. Se inicia en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en múltiples ambientes y situaciones. La diferencia del TPD a la dependencia emocional radica en que los dependientes emocionales son personas totalmente autosuficientes y resolutivos, probablemente porque han aprendido en su infancia a afrontar las cosas por sí mismos; en cambio, las personas con este trastorno de personalidad suelen haber estado protegidos de todos los peligros del mundo, sin aprender a hacerse cargo de las cosas y no desarrollando recursos para tolerar las emociones negativas.

Codependencia: se denomina codependencia a la tendencia a vincularse con personas que tienen problemas, principalmente adicciones (drogas, alcohol…), de forma que la persona asume el rol de cuidador abnegado, relegando las propias necesidades y centrando toda su vida en el cuidado del adicto y el control de su adicción. Se asignan la función de cuidadores, con la necesidad de involucrarse en exceso en la vida caótica de su pareja, con mayor interés en ocasiones que el adicto en resolver su problema, se autoanulan, tienen baja autoconfianza… les caracteriza la excesiva asunción de responsabilidad para satisfacer la necesidad del otro excluyendo el reconocimiento de sus propias necesidades, sin que el otro se lo pida, impidiendo esto el solucionar a la otra persona adaptativamente los problemas por sí mismo. 

El tratamiento de la Dependencia Emocional es de larga duración, pues se trata de intervenciones psicológicas con muchas dimensiones como la autoestima, afectividad, relaciones interpersonales, miedo al rechazo y al abandono, manejo de relaciones afectivas, control de impulsos, gestión de emociones… Además de ser un problema anclado fuertemente en la infancia y en esquemas nucleares primarios sobre uno mismo y los demás. 

Si te has visto reflejado en estas descripciones o tus relaciones afectivas suponen una fuente de malestar o insatisfacción, no dudes en buscar apoyo terapéutico. La dependencia emocional supone unas cadenas que anclan y no permiten desarrollar relaciones satisfactorias y que con apoyo psicológico, puedes romper. 

 Claudia López Muiños - Psicóloga Colg. G-5675

 

Castelló, J. (2021), Dependencia Emocional Características y Tratamiento. Madrid: Alianza Editorial

Murray, J. (2005), Relaciones Destructivas. Barcelona: Obelisco Ediciones

Mayor, I. (2000), Por qué siempre nos enamoramos de quien no debemos. Madrid: Ediciones 
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