Mientras atravesamos una situación difícil nuestro sistema se dedica a superar el problema. Si el problema no lo podemos solucionar con los recursos de los que disponemos, nos centraremos en salir del paso. Si las circunstancias nos abruman y nos sobrepasan, seguiremos mirando hacia delante, aunque sea en estado automático. Cuando percibimos una situación como amenazante, no hay tiempo para la reflexión, la supervivencia es lo prioritario.
¿Has oído hablar del concepto de resiliencia? Aunque quizá tengas dudas sobre su significado en psicología, es probable que hayas desarrollado algunos recursos de resiliencia a lo largo de tu vida. De hecho, forma parte de la historia que te ha traído hasta aquí, de la evolución, a ser la persona que eres hoy.
De una forma sencilla, la resiliencia es la capacidad del ser humano de adaptarse ante las situaciones adversas. Es un término tomado de la física donde hace referencia a la capacidad de algunos materiales de doblarse sin romperse. En psicología adquiere un matiz distinto: las personas no volvemos simplemente a nuestra forma original después de una dificultad, nos transformamos. Aprendemos. Incorporamos la experiencia y, en muchos casos, evolucionamos a partir de ella.
La resiliencia no implica que el dolor desaparezca ni que las dificultades no dejen huella. Más bien se refiere a la posibilidad de atravesar la experiencia, darle significado y seguir adelante integrando lo vivido en nuestra historia personal.
Alrededor de este concepto existen numerosos equipos de investigación que tratan de comprender qué variables influyen en la capacidad de ser resilientes. Sabemos que factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales median en este proceso.
- La resiliencia es compleja y contextual. Diferentes situaciones activan diferentes dimensiones de resiliencia. No es la misma la que necesita una ejecutiva para afrontar altos niveles de presión laboral, que la que requiere un militar en contexto de guerra o la que moviliza una madre sola para sacar adelante a sus hijos. La resiliencia siempre se expresa en un contexto concreto.
- La resiliencia es dinámica. No es un rasgo fijo, sino un proceso que puede desarrollarse. Puede entrenarse, como un músculo. Requiere práctica, implica avances y retrocesos, y cambia a lo largo del ciclo vital. En la adolescencia, por ejemplo, suele haber más energía e impulso para emprender; en etapas posteriores puede aparecer mayor ecuanimidad, perspectiva y claridad sobre las prioridades.
- No todas las personas parten del mismo punto. La resiliencia no depende únicamente de la voluntad individual. Las condiciones sociales, económicas y culturales influyen profundamente en cómo se vive y se afronta la adversidad. No todas las personas cuentan con los mismos recursos ni oportunidades, y esto es importante para no simplificar el discurso ni caer en juicios injustos.
- Las ganancias pueden coexistir con las pérdidas. Tras una experiencia difícil pueden darse procesos aparentemente contradictorios: desarrollar mayor fortaleza y claridad sobre lo importante, mientras aún persisten ansiedad, tristeza o una sensación de injusticia. Crecer no significa dejar de sufrir; ambas realidades pueden convivir. A pesar de ello, te invitamos a no normalizar las secuelas de un trauma o episodio adverso ni el vivir sufriendo, ya que existen tratamientos especializados para integrar e intervenir en el dolor que presentas.
La resiliencia no significa “poder con todo” ni mostrarse siempre fuerte. Significa poder reconstruirse cuando algo se quiebra, encontrar nuevos significados y seguir adelante tomando conciencia de lo vivido.
Es relevante señalar la importancia de la resiliencia de las familias y del papel clave de potenciar este factor en el tratamiento en la infancia y adolescencia, con ayuda profesional. Las intervenciones con EMDR están mostrando reducciones significativas de los síntomas de estrés postraumático, ansiedad y depresión. Si la resiliencia es una respuesta adaptativa a situaciones de trauma, el modelo EMDR de Procesamiento Adaptativo de la Información de Shapiro (2001) podría ayudar a entender mecanismos posibles para el desarrollo de la resiliencia. Cuando las experiencias traumáticas se quedan bloqueadas en la memoria de una manera que bloquea el procesamiento hacia una resolución adaptativa; son experiencias en el presente con los pensamientos, imágenes, cogniciones, emociones, y sensaciones que fueron experimentadas en el pasado y asociadas con el evento perturbador. Procesar el recuerdo de los eventos perturbadores es una función del EMDR que permite conexiones apropiadas para crear redes adaptativas. Con la integración del recuerdo perturbador dentro de la totalidad del registro de recuerdos, hay asociados cambios en síntomas, características personales, y el sentido de sí mismo/a. (Shapiro, 2001, 2006).
Por tanto, el tratamiento efectivo con EMDR aporta al individuo acceso a un rango más amplio de recuerdos y recursos personales y, más allá, el potencial para resiliencia en situaciones de trauma, donde la persona podría haber sido vulnerable a dificultades psicológicas. Se ayuda a una persona a cambiar patrones de respuesta buscando desarrollar resiliencia interna en situaciones en una situación vigente.
Comprender cómo estás afrontando tú las dificultades, qué recursos de regulación emocional prsentas y cuáles puedes fortalecer puede es un paso importante en tu bienestar psicológico. Si te interesa explorar tu propia capacidad de resiliencia y desarrollar herramientas para afrontar los desafíos cotidianos con mayor conciencia así como intervenir en la situación presente, no dudes en contactar con nosotros.
Si deseas profundizar en este tema, te sugerimos como lecturas recomendadas:
- Pema Chödrön – Cuando todo se derrumba
- Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
Laura Dorado Nogueiras - Psicóloga Colg. G-5568
Bibliografía:
Bonanno, G. A., Westphal, M., & Mancini, A. D. (2011). Resilience to loss and potential trauma. Annual Review of Clinical Psychology, 7, 511–535. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-032210-104526
Fernández-Campos, S., & Fernández-Berrocal, P. (2019). Capacidad de regulación emocional y resiliencia en población adulta. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 6(2), 1–8.